Aprender un instrumento de adulto: nunca es tan tarde como crees
La idea de que la música es cosa de niños es un mito cómodo. De adulto se aprende distinto, y a veces mejor.
Existe una creencia muy extendida y muy desanimante: que la música hay que aprenderla de niño y que, pasada cierta edad, ya no hay nada que hacer. Es un mito. Miles de personas empiezan a tocar un instrumento de adultas y llegan a disfrutarlo enormemente. No serán concertistas, casi seguro, pero esa nunca fue la pregunta. La pregunta es si se puede aprender y pasarlo bien, y la respuesta es que sí, sin duda.
El adulto aprende diferente
Es cierto que un niño tiene ventajas: más plasticidad, más tiempo, menos vergüenza. Pero el adulto trae las suyas, y no son pequeñas. Entiende lo que hace, puede estudiar de forma estructurada, sabe por qué practica algo y, sobre todo, ha elegido estar ahí. Un niño muchas veces toca porque le apuntan; un adulto toca porque quiere. Esa motivación lo cambia todo y compensa con creces la supuesta desventaja de la edad.
Un niño aprende más rápido; un adulto aprende con sentido. Y querer hacerlo gana a casi todo.
Empieza por lo que te gusta
El mayor error es empezar como se hacía antiguamente: meses de solfeo y ejercicios áridos antes de tocar nada reconocible. Eso hunde la motivación de cualquiera. De adulto, el camino es el contrario: toca desde el primer día canciones que te gusten, aunque sea de forma sencilla y torpe. La teoría irá llegando por el camino, pero lo que te mantiene es el placer de reconocer una melodía saliendo de tus manos.
Poco y a menudo
El otro secreto es la constancia por encima de la cantidad. Quince minutos al día, todos los días, valen mucho más que dos horas de golpe un domingo y nada el resto de la semana. El cerebro y los dedos aprenden con la repetición frecuente, no con los atracones. Si encuentras un hueco fijo y pequeño, los avances llegan; despacio, pero llegan, y cada uno sabe a gloria.
Haz las paces con ir lento
Hay que aceptar una verdad incómoda: al principio sonarás mal, y avanzarás más despacio de lo que te gustaría. Es normal y le pasa a todo el mundo. El adulto suele ser muy exigente consigo mismo y se frustra rápido, justo lo contrario del niño que prueba sin juzgarse. Date el mismo permiso para hacerlo mal una temporada. Nadie nace sabiendo, y la torpeza del principio es solo el peaje del placer que viene después.
El premio de verdad
Aprender un instrumento de mayor no va de llegar a ningún sitio. Va del rato que pasas tocando, de la concentración que te saca de todo lo demás, de la pequeña victoria de hoy poder con lo que ayer no podías. Es un placer que no caduca y que se puede empezar a cualquier edad. Lo único que de verdad es tarde es no empezar nunca.
3 comentarios
Empecé el piano a los 48 y es lo mejor que he hecho en años. Lento, sí, pero disfruto cada pequeño avance.
Lo de tocar canciones que te gusten desde el principio, en vez de solfeo aburrido, es clave para no abandonar.
Quince minutos al día de verdad valen más que dos horas un domingo. Lo confirmo con el bajo.