Por qué volvemos a ver las mismas películas una y otra vez
Con miles de estrenos a un clic, mucha gente elige rever lo que ya conoce. No es pereza: es otra cosa.
Tenemos a un clic más películas y series de las que podríamos ver en varias vidas. Y, sin embargo, una parte enorme del tiempo que pasamos frente a la pantalla la dedicamos a rever cosas que ya conocemos al dedillo. Esa comedia que nos sabemos de memoria, esa saga que ponemos cada invierno. ¿Por qué, teniendo todo lo nuevo, elegimos lo de siempre?
El consuelo de saber lo que pasa
La respuesta más honesta tiene que ver con la tranquilidad. Ver algo nuevo exige atención y un riesgo: puede no gustarte, puede ponerte tenso, puede pedirte un esfuerzo que ese día no tienes. Rever algo conocido elimina ese riesgo. Sabes que va a estar bien, sabes cómo te va a hacer sentir. Es un refugio seguro.
Después de un día agotador, poca gente quiere una obra maestra exigente que no ha visto. Quiere la película que la reconforta, la que puede ver a medias mirando el móvil sin perderse, la que funciona como una manta. Eso no es mal gusto, es saber lo que uno necesita.
Lo nuevo nos exige; lo conocido nos cuida. A veces no queremos descubrir nada, solo estar a gusto.
Cada vez ves una película distinta
Hay además un placer menos evidente: revisar lo conocido permite mirar mejor. La primera vez vamos pendientes de la trama, de qué va a pasar. Liberados de esa intriga, en la segunda o tercera vuelta aparecen los detalles: un gesto de un actor, un diálogo de fondo, cómo está montada una escena, una pista que estaba ahí desde el principio. La película no cambia, pero la vemos con otros ojos.
Una máquina del tiempo personal
Muchas películas que revemos no las elegimos solo por la película. Las elegimos porque nos devuelven a un momento: la primera vez que la vimos, con quién, en qué época de la vida. Volver a ponerlas es una forma suave de visitar a quienes fuimos. Por eso ciertas cintas son intocables aunque, objetivamente, no sean las mejores.
No hay que elegir
Lo sano es no sentir culpa por ninguna de las dos cosas. Descubrir lo nuevo abre el mundo; rever lo conocido lo ordena. Un buen año de espectador tiene de las dos: estrenos que te sacuden y películas viejas que te abrigan. La pantalla no es solo una ventana a lo desconocido; también puede ser, de vez en cuando, una casa a la que volver.
3 comentarios
Yo pongo siempre la misma comedia cuando estoy reventada. No quiero sorpresas, quiero estar a gusto. Me has descrito.
Lo de fijarte en detalles nuevos al reverla es cierto. La cuarta vez ves cosas que se te escaparon entera.
Hay pelis que son como volver a un sitio donde fuiste feliz. Nada que ver con descubrir algo nuevo.